Desconexión
Los modelos nuevos a partir de la octava generación venían de fábrica con un botón de utilidad subjetiva.
Había gente que pasaba por toda su existencia con el dedo puesto encima, pero que nunca se habían atrevido a pulsarlo, y así morían, con el dedo deformado en un ángulo imposible, siempre presto a apretar. Esta gente pasaba por la vida siempre en estado de angustia, porque no sabían qué deseaban. La solución a todos sus problemas que les habría proporcionado el reseteo les asustaba más que la vida que llevaban. Lo cual les hacía plantearse si tan mala era en realidad. ¿Y si la próxima es peor?
Otros se olvidaban de la existencia del botón desde el mismo momento de nacer, porque estaban tan convencidos de que la vida es la que es, y también lo que se hace con ella, que asumían que eran capaces de cambiar lo que no les gustaba sin llegar a perder la experiencia vivida para conseguirlo.
No se conocían datos sobre la reincidencia. Mejor dicho, no se podían aplicar datos científicos sobre el índice de reincidencia, dado que, con cada reseteo, la conciencia quedaba absolutamente borrada, lo cual equivalía a decir que el individuo ya nunca más podía llegar a ser el mismo, nada en su carácter tendía a la repetición. Era, en todos los sentidos, nacer adulto y con el mapa en blanco. Así que nada podía hacer prever si, en su nueva faceta, volvería a pulsar el botón o no.
Él lo apretó.
Lo apretó porque la única vez que fue feliz en su vida fue a costa de la felicidad de otros. Cuando decidió no hipotecar la felicidad de nadie a su costa, ya no fue feliz. Y pensó que eso no era justo. Necesitaba dejar de pensar en ello, dejar de vivir en continuos altibajos.
Ella no lo apretó.
Se quedó con sus recuerdos, con su amor, con su tristeza, aprendiendo a vivir de nuevo, aceptando que no podía olvidar ni desprogramarse. Decidió que seguir amando era más balsámico que luchar contra uno mismo. El amor es universal, la capacidad para amar no tiene límites. Amamos la vida, el sol, la familia, los hijos, los amigos, incluso el trabajo, ¿por qué no al amor prohibido? Incluso y a pesar de que él sí apretara el botón.
Julio 12, 2007 a 2:19 pm
Me ha recordado mucho la peli “Olvídate de mí” con Jim Carrey y la Winslet y que os recomiendo muchisisisismo.
El texto, com siempre…genial!
Julio 12, 2007 a 8:24 pm
Al fin y al cabo cada cuál tomó su decisión, sólo cuando la tomas sabrás si és o no acertada.
Julio 12, 2007 a 11:52 pm
¿Por qué a algunos nos atraen tanto los amores prohibidos?
Un besito, Ylliakin… por cierto, que me sumo a Quecuriosa respecto a la película, a mi me impactó muchísimo ese film, también la recomiendo fervientemente.
Julio 13, 2007 a 2:42 am
Pienso que en la vida hay que ariresgar un poco, pero la inseguridad hace que no se apriete el boton y se viva en el recurdo. Un saludo.
Julio 13, 2007 a 10:45 am
Hubo un día que yo apreté el botón. Y la verdad es que la cosa me ha ido mejor. Me pasaba todo el día luchando contra mí mismo, contra el resto y parte del resto que un año antes nos llevabamos genial, luchaban contra mí. Llega el momento en que explotas y hay que apretar el botón, con todas tus fuerzas y con una media lágrima casi saliendo….
Por cierto, ¡soy una rosa en el desierto! así que nada, cambiamos enlace por enlace y a partir de ahora este es una “proeza de blog”;-D.
Un saludo
Julio 13, 2007 a 7:01 pm
Original,innovador, y novedoso. Bien por ti, pequeña Skywalker…
Yo apretaría ese maldito botón, muchos días de mi vida pero no sólo por razones sentimentales…
Cuídate
Julio 14, 2007 a 8:13 am
Originalidad para expresar un pensamiento. Espero que no estés en un maldito bajón. Sin lugar a dudas eres una mujer muy sentimental con una poderosa pasión. Que la fuerza te acompañe niña.
Julio 15, 2007 a 6:57 pm
¿Y los demás? ¿También se les resetaba todo recuerdo que tuviesen de uno? Conseguir que todos olvidasen que alguna vez exististe, y, por tanto, que nadie advirtiese tu desaparición…Qué interesante. A eso me apuntaba sin dudarlo.
Julio 15, 2007 a 8:30 pm
Joder, Cieso, que llevo dándole vueltas toda la vida a eso mismo que acabas de decir… Me ha dao un deja-vu leerte.