Despegando…

Publicado en Poesía con etiquetas el Abril 1, 2008 por illyakin

Dame la mano y vente. Dejemos atrás limitaciones, reproches y exigencias, sin más normas que nuestra libertad.

Bandada

El día del padre

Publicado en Cuento contigo con etiquetas , , , , , el Marzo 23, 2008 por illyakin

Querido Papá:

Te escribo esta carta aunque te voy a ver mañana mismo, porque tengo muchas ganas de decirte muchas cosas que no me atrevo a decirte en voz alta. Y se me ha ocurrido que quizá escribiendo lo que siento me atreva a darte este trozo de papel.

Sé que quieres que te quiera, y que estás enfadado siempre desde que ya no vives en casa. Yo sólo quiero que sepas que yo intento quererte, pero me dices cosas que hacen que no me resulte fácil. Para quererte mucho tendría que olvidar cada vez que me prohíbes llorar cuando paso mis vacaciones contigo porque eso es que echo de menos a mamá, y entonces me dices que si no me has pegado ni me he hecho daño entonces no tengo motivos para llorar; o cada vez que no me permites llamar a mamá para tranquilizarme porque es cierto que la echo de menos. Yo creo que es normal echar de menos a mi mamá, mucho más porque es con quien vivo. No comprendo por qué te enfadas tanto cuando me ves triste o quiero hablar con ella, no entiendo por qué me dices que si la echo de menos es porque te quiero menos a ti. No entiendo por qué no te pones en mi lugar en vez de regañarme con ese rollo con el que empiezas a machacarme desde que nos encontramos hasta que vuelvo con mamá. No comprendes que vivo con muchos nervios desde que me entero de que tengo que irme contigo a pasar mis vacaciones porque sé que tengo que estar todo el tiempo controlando todo cuanto digo, todo cuanto hago y todo cuanto pienso. Porque no te basta con eso, que además me acusas de haber querido decir lo que no he dicho. Me paso todo el tiempo muy nerviosa esperando que cualquier cosa que diga provoque que te enfades y me digas cosas que no quiero oír. Y al final todo eso me hace llorar porque me hace echar de menos la tranquilidad y las caricias de mi mamá, pero me tengo que esperar hasta que se hace de noche y tú te has dormido para que no me oigas.

Te enfadas porque crees que quiero más a mamá y quisieras que te quisiera más a ti. Pero no comprendes que me tratas de una forma que consigues todo lo contrario. Quieres que te quiera pero no sabes quererme. A veces creo que me he acostumbrado a dejar de oírte cuando empiezas con tus reproches, pero el caso es que me duelen siempre. Mamá te echó de casa porque ella tuvo valor para decirte que dejaras de tratarla igual que ahora haces conmigo. Yo no puedo echarte porque me obligan a estar contigo sin preguntarme con quién quiero estar.

En estos días pasaremos juntos el Día del Padre y quiero hacerte un regalo. No sé si regalarte esta carta o mejor te doy sólo la tarjeta con cartulinas de colores que hemos hecho en el colegio, como cada año. No creo que me atreva a dártela, porque me da mucho miedo que pienses cosas que no son ciertas y te enfades conmigo. A lo mejor sería buena idea dártela al final, cuando mamá me recoja y me despida de ti con un beso. O quizá mejor sería si la rompiera ahora mismo, en cuanto acabe de escribirla. No sé qué hacer.

Por si acaso te la doy y la lees, quiero que sepas que te quiero, te quiero mucho. Tanto como te temo.

Feliz Día del Padre.

Excelencia

Publicado en Esto no es cuento con etiquetas , el Marzo 21, 2008 por illyakin

Esta es una cita que he encontrado y que dejo por aquí para quien la siga encontrando.

Excelencia es saber proteger sin asfixiar, saber guiar sin imponer, saber motivar a los que están a nuestro cargo para que se enamoren de la verdad y sean sabios, se enamoren de la belleza y sean artistas, se enamoren de Dios y sean santos, se enamoren de su patria o de un sueño y sean héroes.

Para los que estos días estamos sin estar. Pasadlo bien…

Cuando puedas

Publicado en El Arenal, Esto no es cuento con etiquetas , , el Marzo 16, 2008 por illyakin

El año que viene a la misma horaEl año que viene a la misma hora, Alan Alda y Ellen Burstyn. ¿Recordáis aquella película? Ellos son casados, se conocen y tienen una aventura, y deciden seguir viéndose año tras año en la misma fecha. Durante aproximadamente treinta años, la vida de ambos se nos va descubriendo a través de las conversaciones que mantienen durante sus breves encuentros anuales.

Hace más de una década, después de convivir en el seno de un grupo de quince personas durante casi cinco meses, cinco horas al día, cinco días a la semana, aquel curso de inglés se convirtió (o nos convirtió) en el germen de mucho más que un compañerismo de andar por clase. Todos los día partíamos juntos a desayunar, el camarero nos veía venir calle arriba y cuando llegábamos teníamos nuestras cuatro mesas unidas con seis manchadas, cuatro mitad, dos descafeinados de sobre y tres colacaos. Las tostadas ya estaban humeando en el tostador. Aquellas reuniones daban mucho de sí. Entre bromas y cafeses salían a relucir nuestras preocupaciones, nuestras aspiraciones, el devenir del país y unas ganas enormes de disfrutar la suerte de habernos encontrado en ausencia absoluta de malos rollos. Cada uno de su padre y de su madre, cada uno con su propia historia, y forjando a la vez la historia común de uno de los mejores grupos de gente con la que he tenido el gusto de coincidir en esta avatárica vida. Cuando el curso tocaba a su fin, sufrimos una especie de pena colectiva, un duelo sólo de pensar que íbamos a tener que prescindir de nuestros desayunos y nuestras confidencias. Hasta que a alguien se le ocurrió proponer una idea estupenda: quedar un día fijo en un lugar fijo todas las semanas para que quien pudiera asistir fuera, quien se sintiera solo tuviera la certeza de que ese día y en ese lugar iba a haber amigos que le escucharían y aportarían un abrazo. Y así lo hicimos. Todas las tardes de los martes (o quizá los jueves, quién lo recuerda ya), a las seis de la tarde (o quizá fuera a las siete) en aquella misma cafetería que tan bien conocíamos, teníamos un lugar de encuentro en el espacio y en el tiempo. Sin necesidad de planearlo ni de quedar, cada uno si podía y si le apetecía. Aquello duró mucho más de lo que todos esperábamos. Fueron bastantes meses más de prórroga. Luego vinieron empleos, parejas y dispares ocupaciones que fueron menguando la concurrencia, hasta que al final quedamos tan poquitos que optamos por quedar usando el teléfono, no fuera que alguno se presentara buscando calor y se encontrara la cafetería vacía. Esos pocos fueron amigos íntimos durante el tiempo que me restó de vivir en aquella otra ciudad del cálido sur. Hoy ya no tengo noticias de ellos, en realidad, les perdí totalmente la pista tras mudarme. Muy mal por mi parte, asumo mi culpa, porque fui yo la que se fue sin dejar señas.

Estos días estamos construyendo un proyecto del que ya tenéis noticias. A raíz de una fiesta, un poto malogrado y una alfombra que voy a tener que dejar en usufructo al gato, unos cuantos hemos caído de pronto en la cuenta de que hace mucho tiempo que nos conocemos, que somos testigos de nuestros interiores a través de estos escaparates públicos y de más interiorismos en tribuna privada, y de que eso no se puede dejar escapar. Así es como quedan invitados todos aquellos de vosotros que sienten que quieren formar parte de una bonita experiencia. Todavía no sabemos muy bien cómo hacerlo, ni si seremos muchos o pocos, ni si durará el experimento. Yo sólo sé que, sin hora ni día fijo, ahí hay gente con una pelotilla verde iluminada que me acompaña cuando abro sesión. Unos días están unos, otros días están otros, otros días no estoy yo… Y muchas veces, las reuniones improvisadas son las mejores.

———-

PD: Por petición del señor Cronopio, debo aclarar que las pelotillas verdes no pertenecen a ninguna familia de secreciones nasales. Lo aclaro por si alguien se había quedado flipando porque acabara con semejante bordería un post tan conmovedor como el que me ha quedado.

A la semana siguiente…

Publicado en El Arenal, Esto no es cuento con etiquetas el Marzo 11, 2008 por illyakin

Bueno, ya tengo la casa recogida, las macetas repuestas y la alfombra limpia. Gracias por el consejo Cieso. Me fui rezando rezando hasta el Día y compré todos los productos de limpieza que por allí se ofertaban porque no sabía cuál era el que decías, así que se los fui echando uno por uno, y ya que iba cambiando de color tuve que ir ampliando los límites de la mancha hasta los bordes. Mi alfombra roja ahora es de un tono entre amarillo azufre y rosa desgastao. Pero no la pienso cambiar por otra, que luego me tiráis los cubatas y me pisáis el chocolate.

La fiesta dio de sí mucho más de lo inicialmente planeado. Lo que pretendía ser un guiño a un amigo se convirtió en un fiestorrón multitudinario (cuanta gente, poldió) del que surgió la casi necesidad de mantener y profundizar en unos lazos que venimos anudando desde hace ya una miaja de meses en esta nuestra comunidad bloguera. Las ganas no faltan, el entusiasmo se desborda, y los medios están a nuestro alcance, así que…..

Hemos encontrado una forma de montar encuentros virtuales de una manera bastante íntima, un chat sin los inconvenientes de los públicos ni de las publicidades. Como nos consta que por aquí hay blogueros que les gustaría participar de estas charlas-fiesta (porque tenemos más ganas de juerga y de pasarlo bien que una aceituna rellena de anchoa en una ensalada), tenemos (en pañales pero con muchas posibilidades) la cosa montada en el Google Talk. Para participar es necesario tener una cuenta de Gmail y que te agreguemos como contacto (o bien que tú nos agregues). En cuanto haya dos personas conectadas al Gmail, una de ellas se encarga de lanzar el Talk, que es una de las utilidades del paquete por tener dicha cuenta.

Se establece una ventana de chat que puede albergar en sus pestañas muchas conversaciones (está por ver, no hemos comprobado más de cuatro a la vez). Si queremos ser más de dos en la misma conversación, vamos agregando (invitando) al chat a los contactos que vayan apareciendo conectados.

Aprovechando la herramienta Calendar que nos ofrece Google dentro del Gmail, podemos programar kedadas. Un planning donde cada uno podrá saber cuándo prevé la gente conectarse para pasar un buen ratillo. En fase de pruebas está el poder publicar el calendario para que esté a la vista sin necesidad de entrar al Gmail, desde cualquiera de nuestros blogs. Así que ya sabéis, si estáis interesados, ahí abajo del blogroll teneis mi dirección de Gmail, y en el blog de Ambrosía también podéis estar al tanto.

Hale, ¿y la próxima fiesta a quién le toca?

Al día siguiente…

Publicado en El Arenal, Esto no es cuento con etiquetas el Marzo 8, 2008 por illyakin

ay

aaayyyy

auuuuuuuuuuuuu

oooommmmprrrrrrrffffffffffffffffffffffff

ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

woooooooooooooooooooouuuuuuuuuuuuuuuuffffffffffffffffff

…………………..

………….mi cabeza……………

…………………

¡¡¡mi poto!!!

Hoy te quiero regalar palabras

Publicado en El Arenal, Esto no es cuento con etiquetas , el Marzo 4, 2008 por illyakin

Porque tus ojos lectores son la única dirección postal a la que se puede enviar un regalo inmaterial, porque no sabría dónde enviarte esta bolsa de pipas, y porque sé que lo vas a leer.

Por tu constante atención durante tanto tiempo, por tu maestría a los mandos de la libertad, por tu infinita sensibilidad, por la ternura con la que abordas los sentimientos de los demás, por tu sabiduría para saber parar, esperar y volver a empezar.

Para que no te quedes sin fuerzas cuando te fallen los motores, para que no se pierda ningún momento vivido, para que sigas enseñando a quien te escuche que la experiencia nunca acaba porque siempre hay más por experimentar, para que sigas aprendiendo que la vida nunca deja de sorprendernos.

Una vez me dijiste que los amigos tendrían que venir en bolsas de pipas para tenerlos siempre a mano cuando necesitáramos disfrutarlos. Imposible no estar de acuerdo. Yo añado que sean sin pelar, para tomarse el esfuerzo de abrirlos y ver cómo son por dentro para degustarlos uno a uno, que no todos son iguales. Y con la sal justa para no acabar con los labios escocidos (bueno, ejem… depende, claro).

Para que cumplas muchos más. Buen vuelo, aviador.

¡Feliz Cumpleaños!

Fdo: Pipa-Airways(On)Lines.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

(Pide un deseo y sopla).

 

Y ahora, chicos, un bailecito… ¡¡¡todos juntos!!!

 

 

Avanzando en primera

Publicado en Esto no es cuento con etiquetas el Marzo 3, 2008 por illyakin

Me pregunta mi buen Miroslav si yo entiendo que, habiendo tantas cosas en este mundo con las que aprender y satisfacer nuestra curiosidad, haya gente que se aburra. Y va el tío y me deja cavilando. Porque para responder a esa pregunta no puedo mirar a la gente, sino que me tengo que mirar a mí misma, y responderme por qué me aburro cuando me aburro, y de dónde viene mi aburrimiento.

Es verdad que hay el ciento y la madre de cosas por hacer con las que llenar nuestras vidas. Y poco tiempo (relativo) para poder hacerlas todas. No se puede aprender todo lo que es aprendible, ni siquiera somos capaces de retener todos los conocimientos que tenemos a la vez. Para ello sería necesario que toda esa estructura cerebral que dicen que no usamos en alto porcentaje trabajara al unísono. Pero imagino que la naturaleza es sabia y que si no lo conseguimos es por la misma razón por la que no se pueden encender todas las luces y aparatos de aire acondicionado de una ciudad a la vez: nos quedaríamos sin energía suficiente y, probablemente, sufriríamos un apagón neuronal.

Cavilo y cavilo y pienso por qué yo llego a aburrirme, y analizo mi aburrimiento. En mi caso, me gusta aprender cosas, pero me fallan las fuerzas para concentrarme. Sólo consigo finalizar tareas cuando me enfrento a fechas tope impuestas externamente a mí. Y, curiosamente, cuanto más impuestas sean esas tareas, más esfuerzo me costará concentrarme en hacerlas. En cambio, tiendo a dispersar mi atención hacia cosas más placenteras a mi entender, que es todo aquello que no tenga impuesto hacer. Incluso así, tomo con mucho ímpetu una idea, un proyecto, una tarea, y como no la lleve pronto a término se me desinfla como un globo lleno de helio al cabo de un plazo más o menos corto de tiempo. Enseguida me asaltan otras ideas que la sustituyen. Aunque eso no es lo peor. Lo peor es cuando (en la mayoría de las ocasiones) el sustituto es el bajón existencial, en cuyo caso el sitio que ocupaba la tarea sin finalizar es ocupado por aire, un aire sucio y pesado de garito infame sin ventilación ni luz. Así visto, me complace más llamarlo flojera que aburrimiento. La simpleza de no tener fuerzas para hacer nada.

Últimamente trato de racionalizar estas reacciones mías, por otro lado carentes de razón. No veo motivo con el suficiente peso como para que, por sí solo, explique mi natural apatía. Así que, siguiendo el hilo argumental de algún post vuestro donde ha salido el tema recientemente, debo pensar que no tengo bien regulado el nivel de serotonina y que me funcionan en exceso ciertas partes del hemisferio derecho del cerebro, y que lo que tengo que trabajar es el izquierdo para, de esta manera, no venirme abajo con la misma facilidad con que ZP o Rajoy se acusan mutuamente de mentir aun cuando lo que arguyen no sea una mentira propiamente dicha (mierda, me cago en las elecciones, ¿cómo se me han colado aquí?).

En fin, que cuando se me pone la vena densa, por fin me acuerdo (y lo que es mejor, me acuerdo antes) de que no hay razón para que me sienta así, de manera que, con ayuda de ese pensamiento, fabrico un poquillo de nosequé que hace que mi sangre vuelva a circular. Por ahora lo logro para pequeñas cosas. Cuando lo tenga dominado (cuando me consiga dominar a mí misma)… ¿dominaré el mundo? Bueno, al menos, espero dominar mi mundo.

Nunca des nada por supuesto

Publicado en Esto no es cuento con etiquetas , , , el Febrero 18, 2008 por illyakin

Tengo una amiga que eso no es una amiga, es más bien una requeteamiga, o una súpermegahiperquetecagasamiga (en pijolín), incluso una siamesamiga (si eso es posible). Nuestras vidas son dos cuerdas que se trenzan y se separan y se vuelven a trenzar (¿os acordáis del antiguo anuncio de bolis BIC cómo se cruzaban los trazos?).

El primer cruce ocurrió cuando nuestros padres se conocieron. Para cuando nosotras nacimos (nos llevamos dos meses) ya llevábamos tiempo cerca. Nuestra infancia pasó por contactos de regularidad semanal los fines de semana. La adolescencia nos distanció hasta que me entero que juega en un equipo de voleibol y me entusiasmo y me apunto yo también (me encanta el volei). Nos volvemos a distanciar y el viernes antes del lunes del primer día de universidad de nuestras vidas, hablando por teléfono nos enteramos que vamos a estudiar la misma carrera y que hemos caído… ¡en la misma clase! Tras dejar ambas dicha carrera al finalizar el curso, nos volvemos a distanciar y nos encontramos esporádicamente. Me caso y me mudo de ciudad, al cabo de unos años se casa y al cabo de otros tantos se muda de ciudad… ¡a mi misma ciudad! Y nuestros respectivos vástagos se llevan… un mes de vida. Niña, esto ya no sé lo que es… ¿qué nos ha dao? Los avatares de la vida son así de casualoides. Eso, o alguien ha mezclado nuestras cartas astrales.

Tema aparte es cómo nos llevamos. Ambas disfrutamos de un sentido del humor que admite desde la fina ironía hasta el insulto verdulero (entre nosotras) a modo de saludo, que se sobreentiende cargado de infinito cariño. Ni uno solo de los sucesivos distanciamientos ha marcado jamás enfriamiento en esa gran confianza que nos tenemos. Aunque no hayamos sabido nada la una de la otra, un encuentro fortuito o provocado nos ha reencontrado como si siguiéramos una conversación mantenida el día anterior. Cuando hablamos por teléfono, el “diga” (gracias al reconocimiento de llamada entrante) es automáticamente sustituido por “¡Petardi!”, o “¡Guarri!”. Y más comúnmente, cuando los números cambiantes ofrecían unos segundos de incertidumbre, el saludo se subía a un escenario y se abría un telón rocambolesco, en el cual la actriz llamante imitaba a la correduría de seguros del edificio, una inspección de hacienda o una posible selección de personal en una importante empresa de bagaje internacional. Por lo general, la broma no traspasaba los umbrales de los diez segundos, ya que la actriz llamada captaba la actuación inmediatamente.

Como veis, hablo en pasado. ¿Y por qué? ¿Será que nuestros caminos se han vuelto a desencontrar? ¿Será que nos hemos enfadao y ya no nos llamamos? ¿Será que ahora hablamos por videoconferencia…? Nada de eso. Nuestros caminos en estos tiempos se han solapado y se siguen solapando (de lo cual me alegro infinitamente), hablamos asiduamente por teléfono y nos solemos encontrar en su casa o en la mía o en el centro comercial que hay a mitad de camino para llevar a los niños a la piscina de bolas. ¿Entonces?

Un día, la actriz llamada (yo) ve en el display del teléfono un número desconocido, y como mi amiga está pendiente de llamarme para facilitarme su número nuevo, que se lo estaban poniendo en el piso en esos días, pienso rauda “ajá, a mí me vas a pillar, esta es la Petardi Mayor, que acaban de ponerle el teléfono y me lo quiere dar. Se va a enterar”. Contesto al teléfono y más o menos pasa esto:

- ¿Diga? (muuuuuuuuy seria).

- Hola, buenas tardes -(también muuuuuuuuy seria)-. Verá, es que tengo una llamada suya en mi teléfono y quería saber qué quería -(es su voz, en su voz, disimulada pero suya, a mí me la va a pegar, ¡que te conozco bacalao!).

- Pues usted sabrá. Porque lo que es yo, no tengo ni idea (muy seria y muy cortante).

- [..?..] Ehhhhh, pues no sé, por eso llamo, a lo mejor no ha sido usted sino otra persona en su casa…

- Ah, pues usted sabrá. A lo mejor usted tiene un lío con mi marido y era él quien la llamaba, ¿no cree?

- [..... ? .....] Ehhhhhhhhh, no, no, más bien creo que se trata de una equivocación, perdone la molestia, seguro que ha sido un error.

- Pues nada, será un error, si usted lo dice, usted sabrá si es un error o no. Si no tiene nada con mi marido, efectivamente será un error -(esfuerzos para contenerme la risa, la cual controlo cojonudamente).

- Lo siento, perdone, adiós, buenas noches.

- No se preocupe. Adiós, buenas noches.

CLICK.

En este punto me quedo pensando. Nunca habíamos continuado una broma hasta el punto de colgar. ¿Por qué ha colgado? ¿Por qué parecía algo molesta (que tampoco es que sea taaaan buena actriz)? Y sobre todo… ¿por qué tengo la horrible sensación de que, después de todo, no era su voz?

- Qué raro -digo en voz alta. Mi madre, que estaba pasando una temporada con nosotros, me pregunta quién era-. Pues la Petardi Mayor. Pero el caso es que…… creo que al final no era ella. Y si no ha sido ella……. ¿a quién le he estado diciendo semejante retahíla de inclasificables sandeces? Mamá… ¿tú has llamado a alguien hoy?

- No, bueno, he hablado con tu cuñada, y con mi amiga Reme, pero hemos estado hablando normal y ya está -(aprovecha que tengo tarifa plana de internet y no me cuestan las llamadas para llamar a toda la congregación y ponerse al día con todos).

- Pues qué raro. Dice que hemos llamado desde aquí. Se habrá equivocado al marcar y ha pagado el pato.

De pronto, a mi madre que se le cambia la cara, se le alisan las arrugas y se le salen los ojos de las órbitas.

- Ay, nena, no será….. que hablando con Reme me ha dicho que se ha muerto el marido de la del quinto, y como tenía el número de la cuñada de él, pues la he llamado para darle el pésame….. y no me ha contestado nadie……….

Ni qué decir tiene que a mí también se me alisaron las arrugas y se me salieron los ojos de las órbitas. Creo que también desde entonces luzco un nuevo mechón de pelo blanco en la cabeza. Inmediatamente hice la rellamada, pero le hice a mi madre ponerse a que diera ella las primeras explicaciones, porque yo tenía un calor en pleno invierno que no era normal. Cuando me pasó el teléfono, me deshice en disculpas, a duras penas parecía coherente, le expliqué lo de las bromas con mi amiga y que me había parecido su voz, pero nada de lo que decía me parecía suficiente, a pesar de que la buena mujer luchaba por tranquilizarme, toda comprensión.

Después de colgar, llamé al móvil a la Petardi Mayor para darle las quejas:

- ¡Oiga usted, So Guarri! ¡Que sea la última vez que me llamas haciendo que eres quien no eres, que mira la que has armado!

- ¿Que yo he armado qué? ¿Pero qué dices? -y le cuento todo.

Desde aquel día nos juramos mutuamente que nunca, nunca, nunca más volveríamos a gastarnos bromas telefónicas. Que nunca sabes con quién puedes estar hablando.

Recordando unos versos

Publicado en Poesía con etiquetas , , el Febrero 15, 2008 por illyakin

 

Calles solitarias

 

Las hojas gimen al aire

que barre el agua mojada.

Surgen las últimas luces

que anuncian la retirada.

Las sombras se hacen profundas,

víctimas de la alimaña.

 

Nunca fue tan fuerte el vacío,

ni las calles tan solitarias.

…..

Ya no volverás a verme.

 

Y convertido por la noche

en silenciosa ave de hielo

de pensamientos extraños

y de cabellos sin dueño.

Y cuando el día despierte

puede que todo fuera un sueño.

 

___________________________________________

Faltan versos, pero no consigo recordarlos. Lástima que perdiera el papel sobre el que lo escribí hace algo más de veinte años.

Dime cómo trabajas, y te diré…

Publicado en Esto no es cuento con etiquetas , , el Febrero 13, 2008 por illyakin

Hay una serie de televisión rulando por ahí denominada Dexter, que no he seguido pero de la que he visto un par de capítulos en la Fox, que trata de un psicópata asesino que, además, es policía (investigador forense o algo así). Claro que él, como es el prota, es un psicópata asesino bueno y sólo mata si es ético. Y como mata o perdona la vida a los que nosotros mataríamos o perdonaríamos, pues nada, síndrome de Estocolmo al canto (seguro que hay otro síndrome que lo define mejor, pero yo lo desconozco). Él vive socialmente de una manera políticamente correcta, pero en su fuero interno tiene un trabajo, una novia y unas buenas relaciones vecindales sólo para que nadie vea al lobo bajo la piel de cordero. En otras palabras, en el trabajo es así, y por dentro es asao.

Para los que no somos psicópatas, esa división entre lo que somos y cómo trabajamos se diluye. Y me he dado cuenta viendo a algunas personas actuar en los ámbitos personales y laborales. Y paso a narrar el primer caso que me llamó la atención.

Unos amigos inauguraban casa nueva y quisieron dar una fiesta en ella con los amigos para celebrarlo. Entre los que fuimos convocados, asistían al evento el director de una sucursal financiera del lugar y su mujer. No recuerdo muy bien lo que cenamos, sólo recuerdo que éramos tantos que la fiesta se desarrolló en el sótano de la vivienda, lo bastante amplio y diáfano como para albergar a todos los congregados. De entre todos los manjares con los que fuimos agasajados, había una sabrosa pata de jamón ibérico, cuyo único hándicap para ser devorada era que alguien tenía que cortar las suculentas lonchas con maestría (nos lo hubiéramos comido igual a dentelladas, pero no es lo mismo). En cuanto surgió el tema, este señor se ofreció inmediatamente a ser el cortador oficial jamonero y, desde entonces hasta que dimos cuenta del trozo de cadáver porcino, estuvo dando puntuales viajes de la mesa al susodicho y viceversa, repartiendo tiernos bocados de aquella gloria bendita. Y lo hizo sin el menos atisbo de cansancio, aburrimiento o falta de motivación, todo lo contrario, daba gloria verlo tan dispuesto (no sé cuál de los glorias quitar para no ser redundante…). Mucho tiempo después de aquello, cuando ya el sabor de la fiesta y del jamón era un bonito recuerdo, tuve que ir a su sucursal a hablar con él de un tema para el cual hacía falta entregar una fotocopia de una escritura, y con las prisas sólo llevé el original. Me dijo que no me preocupara, que él hacía la copia en un momento, y salió del despacho y se fué al fax y empezó él mismo a fotocopiar. Tardó mucho por dos motivos, porque el fax es más lento fotocopiando que la fotocopiadora (que la tenían averiada), y porque hizo dos copias, la segunda para mí para que la tuviera si me hacía falta para cualquier otra cosa. Mientras lo veía a través de los cristales poner las páginas por un lado y sacarlas por el otro, recordé aquel jamón y me pareció estar viendo el mismo comportamiento: asumió una tarea monótona, pesada, aburrida y que podría haber hecho cualquier otro (otro invitado/otro empleado) y la hizo con una naturalidad y un buen hacer que me hizo comprender que esa persona se comporta en el trabajo exactamente igual que se comporta fuera de él. No me costó nada imaginármelo lavando platos en su casa (me cuesta horrores imaginármelo de psicópata).

Claro que hay que tener un buen punto de vista para apreciar estas sutiles muestras de la personalidad, porque el siguiente caso que traigo, a pesar de cumplirse la hipótesis de partida, por poco evidente hubiera pasado totalmente desapercibida de no ser porque el correr del tiempo me brindó la oportunidad de conocer a esta otra persona más allá de los límites laborales. Él era profesor en la universidad (lo sigue siendo), y me tocaron sus clases en una parte de una asignatura de primero. Desde el primer día, y desde mi punto de vista como alumna, me cayó como el culo. Ese sentimiento se veía reforzado a cada clase que asistía con él. Ese joven pedante que no explicaba la materia y sólo hablaba de sí mismo me hacía perder el tiempo. Es muy raro que alguien con quien tenga relación me caiga mal, será que tengo una capacidad de empatizar bastante desarrollada, pero en este caso el ejercicio de ponerme en su lugar hacía que surgieran en mí deseos de ducharme con lejía. Aquella situación finalizó con un notable en el examen y un adiós muy buenas. Hasta que el adiós se trasformó en hola al cabo de cuatro años, cuando coincidimos pasando el día en la casa de unos amigos (¿estas cosas siempre me pasan en casa de los amigos, o me lo parece?); en este caso la razón de su asistencia era que su novia era la hija de los dueños de la casa, enlace sentimental que ocurrió después de haberlo tenido de profe. Para mi absoluta sorpresa (muy agradable, por cierto) resultó ser un joven solícito y divertido, que hablaba y contaba cosas muy oportunas según lo que se quería decir en cada momento, y que me dio una lección de humildad al poner en evidencia que mi rasero para catalogar ciertos comportamientos era ciertamente para tirarlo a la basura. Todavía hoy, al recordarlo, me doy cuenta de que si hubiera escuchado atentamente lo que contaba en sus clases, más allá de que se ajustara o no al temario, habría recibido quizá una lección más valiosa de lo que la apariencia transmitía. Es evidente que su antes alumna y después novia supo ver más allá de ese velo lo que mi arrogancia me impidió ver a mí. Hoy en día lo tengo por un amigo, que incluso me ha ofrecido reiteradamente probar su moto antes de comprarme la mía (en el caso de que me examine y me la compre) para que la evalúe antes de decidirme. Y no, no puedo imaginármelo como mi pareja, para los que estéis pensando mal. No fue una oportunidad perdida, que yo ya estaba bien casada cuando le conocí :D

Tengo otro caso que no ha sido probado en los términos expuestos aquí, y que me tiene totalmente desconcertada. El constructor que hizo posible que la entrega de mi próxima vivienda se retrasara dos años, el último de los cuales difícilmente justificable. Cuando hablas con él parece buena persona, pero por sus actos (más bien por los efectos de esos actos) nadie lo diría. Sin entrar en ningún detalle, porque no tengo ningunas ganas de tocar este tema (es mejor olvidar si queremos superarlo), ha conseguido que la ilusión que tenía volcada en esa casa se transformara en apatía, desilusión y cansancio. Desde la tranquilidad de tener por fin la llave de la casa en la mano y una escritura a nuestro nombre inscrita en el Registro, aún no me explico su forma de actuar de este último año. Puede que la vida me vuelva a dar una nueva lección de humildad si de aquí a unos años un día, invitados en la casa de algunos amigos, me encuentro con que el rompecabezas de sus actos tenía solución y existía una justificación acorde con las consecuencias que tuvieron. Sinceramente, me agradaría más saberme injusta juzgando, aunque eso sea tirarme piedras a mí misma, ya que también significaría que él no es el cabrón sin escrúpulos que he llegado a creer que es.

¿Somos en el trabajo fiel reflejo de cómo somos?

¿Somos justos juzgando a la gente?

Y, sobre todo, la gran pregunta. ¿Cuántos habéis salivado leyendo la descripción del jamón?

Asúl (la lógica infantil)

Publicado en Esto no es cuento con etiquetas , , , el Febrero 7, 2008 por illyakin

Ya estamos otra vez con los virus. Yo no sé si es que no le actualizo bien el Norton al niño o qué es lo que es, pero ya lo tengo otra vez con 39 de fiebre. El lunes nos avisaron del cole porque se les quedaba dormido con la cabeza en la mesa y no se dejaba tomar la temperatura (lo que no se deje mi niño…). Al día siguiente ya estábamos en el pediatra. Él no quería mídico (me lo dejó mú clarito por el camino, en la sala de espera y dentro de la consulta), y cuando el licenciado quiso abrirle la boca con la espátula de madera para verle la garganta -deben de hacer un cursillo especial para ser capaces de ver y diagnosticar gargantas en 0,3 segundos-, el niño se pegó los labios con superglú (bien los había abierto apenas diez segundos antes para arrearme un mordisco en el brazo -siempre en señal de protesta-). Os informo de que el viejo truco de taparle la nariz sigue funcionando.

Pos jarabe de naranja antibiótica al canto. Eso más el jarabe de ibuprofeno más las gotas de paracetamol han hecho un conglomerado farmacéutico en la repisa de la cocina. Esta vez le ha dado por pedir medicinas de colores. Hay que verlo hecho polvo por la fiebre y pidiendo midisina roja, midisina verde o midisina asúl (invariablemente, la medicina es blanca o roja, pero las letras de la jeringuilla y su conformismo febril la transforman automáticamente en el color que su mamá diga). Lo que más me pude reír fue ayer cuando, después de tomarse el bote del antibiótico, me siguió pidiendo midisina asúl, a lo que le respondí que se la daría cuando le subiera la fiebre. Él asintió y dijo que vale, que ahora está en el pie, y cuando suba (se iba señalando con el dedo un camino imaginario desde el pie hasta la cabeza) se tomaría la midisina. Está claro que si la fiebre sube, desde algún lado tiene que hacerlo, ¿no?